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MÁS ALLÁ DE IMPUESTOS La encrucijada de Mujica Que el presidente resulte un hombre honesto, simpático y con capacidad de diálogo para gran parte de sus compatriotas no significa que, en la misma medida, se vea en él a un gobernante eficiente para afrontar varios problemas que están preocupando a la ciudadanía y que comprometen la marcha del proceso de cambios. Por Rodolfo Demarco Varias veces José Mujica ha dicho que no sabe “nada de economía”. No obstante, en los últimos tiempos se observa una especial insistencia en poner su “marca” en las decisiones económicas, a veces contrariando la orientación del equipo económico que él mismo ha elogiado y se ha comprometido a respaldar. Basta recordar la reafirmación de tal orientación en sus discursos al asumir el 1 de marzo de 2005, la alocución ante empresarios en el Conrad, las conversaciones con sindicalistas, sus exposiciones en el exterior y numerosas comparecencias en los medios. Desde algunos sectores políticos y de economistas de izquierda se reiteran los intentos de “cambiar” la orientación del gobierno. Por otra parte el presidente, que últimamente ha dado señales contradictorias al respecto, no ha dejado de destacar la coherencia de Danilo Astori y, sobre todo, la lealtad que el vicepresidente le ha demostrado a él y al gobierno. Estamos asistiendo a un proceso confuso, que revela ciertas contradicciones o dudas en la postura de Mujica, que no se explican a esta altura diciendo simplemente que el primer mandatario quiere quedar bien con la “barra”. (Esa complicada barra que no se sabe bien quiénes integran hoy día, que oscila entre el apoyo al gobierno y gestos opositores, que no tiene una estructura que se pueda delimitar claramente, en la que tampoco destacan dirigentes de mucho arraigo, y que, incluso, no siempre se la puede encasillar ideológicamente como “radical”.) EL FACTOR ASTORI. Sería apresurado sostener que el presidente procura limitar la fuerte incidencia de Astori en el gobierno. Pese a que el vicepresidente perdió en las batallas electorales por la candidatura presidencial y que es prematuro que la gente lo vea hoy en el sillón presidencial del próximo periodo –sin desconocer que sigue siendo uno de los tres políticos más populares del país–, ha sido una figura excepcionalmente influyente en la orientación de los dos gobiernos frenteamplistas. El talante astorista ha impregnado las principales reformas estructurales y la imagen con la que el país se presenta ante el mundo. Y ha contribuido decisivamente a la confiabilidad y la estabilidad económica, financiera e institucional del país, que el propio Mujica tanto ha elogiado. Sabemos que el peso de Astori molesta a alguna gente del FA, pero es difícil negarlo y evitarlo. Sectores de izquierda consideran que cambiar al gobierno implica derrotar a Astori. Lo repiten, incluso, periodistas de medios de izquierda, algunos de los cuales actúan como operadores de sectores contrarios a las concepciones del vicepresidente (que, en realidad, son las que prevalecen en el gobierno de Mujica). Lo cierto es que las ideas centrales defendidas desde hace tiempo por Astori junto a otros frenteamplistas, Liber Seregni en primer lugar, se han ido abriendo camino en el país y dentro de la gran masa de votantes del FA (no así en la estructura orgánica o en el casco militante más próximo a ella, lo que ha constituido una traba para el abordaje de grandes temas y para la elaboración de una estrategia que supere el cortoplacismo que hoy rebaja los objetivos de la política). Hace pocos años se intentó poner en marcha un agrupamiento que postulara un “modelo” económico diferente, que dio lugar a encuentros de dirigentes de algunos sectores del FA, pero no pasaron muchas semanas para que los propulsores de ese intento reconocieran que no tenían una propuesta alternativa. Algo de eso parece seguir sucediendo cada vez que se sugiere modificar el rumbo. No obstante sería un gravísimo error partir de la base que todo aquel que critica la política económica o aspectos de ella es un malintencionado o un ignorante. Flaco favor le hace al equipo económico defenderlo de ese modo. Sin embargo, más de una vez, eso sucede. LOS DESAFÍOS DE MUJICA. Resulta difícil pensar que Mujica quiera cambiar de caballo en medio de la corriente, sobre todo porque al país le está yendo bien en un mundo conmocionado por las crisis, y un desvío como el que puede interpretarse a partir de algunas de sus declaraciones y decisiones (por ejemplo el impulso o sugerencia de modificaciones tributarias que comprometerían la compleja estructura del sistema y los cambios que paulatina pero cuidadosamente el equipo económico le va introduciendo) pueden resultar un tiro por la culata. Por otra parte, a esta altura de su carrera, Mujica no debería sentirse presionado a quedar bien con alguna barra (cualquiera sea), sector político, gremial empresarial o grupo social. Está muy bien la búsqueda del diálogo –en lo que se ha destacado contribuyendo a destrabar importantes problemas nacionales e internacionales–, pero como presidente tendría todo el derecho a “pararle el carro” a quienes apedrean el rancho (no el de Mujica; el de los uruguayos en su conjunto). Su gestión está llegando a algo así como la cruz de los caminos. De las decisiones del primer mandatario, de su coherencia, claridad y firmeza para consolidar el proceso planteado desde el programa comprometido (el que espera la gente y que a veces resulta cuestionado desde el propio oficialismo), depende en gran medida que el gobierno supere su parálisis en algunas áreas y los problemas de conducción (de decisión), que incluso le están generando en la administración ciertos espacios que se han transformado en tierra de nadie (o, lo que es peor, en cotos de algunos…). Han ingresado a cargos de responsabilidad en la ejecución de las políticas del gobierno personas que no han demostrado idoneidad técnica o que discrepan con los lineamientos del gobierno (en general o en el área donde les toca actuar) o que trabajan por intereses particulares, ya sea para “hacerse” su propia carrera política o intentar que gane poder determinado sector político al margen del interés general. Las luchas por espacios de influencia dentro del Frente y los copamientos en áreas de la administración son un pesado lastre para el gobierno. Sería injusto considerar a Mujica cómplice de estas actitudes, que, por otra parte, él mismo ha criticado. Pero sea por insuficiente conocimiento de lo que pasa, por confiar que se trata de “vicios” inevitables que poco a poco se irán desterrando o para que no se “alborote el avispero” y esperar que las cosas se vayan acomodando sin que trasciendan a la opinión pública, lo cierto es que, por acción u omisión, el presidente ha cometido errores y con frecuencia no ha ejercido el principio de autoridad inherente a su magistratura e imprescindible para el fortalecimiento institucional y de la democracia, más allá de sus virtudes que también hay que reconocerle, como su capacidad para comprender a los demás y buscar caminos de encuentro en muchas instancias (el acuerdo por la patente única, para poner un ejemplo reciente, se debe en gran medida a esa cualidad del presidente). Sigue siendo una figura popular, que cae simpática a muchísima gente, pero su gestión suele exponerse a cuestionamientos incluso por muchos de los que lo consideran un hombre honesto y preocupado por la suerte de sus compatriotas, atributos que es difícil negar. Sin embargo, el ciudadano común no relaciona necesariamente ambas cosas: se puede ser honrado, capaz y simpático, y tener desaciertos como conductor del gobierno de un país. Ha pasado en muchos lados. ATENCIÓN: RUTA PELIGROSA. Como lo advertía el sociólogo César Aguiar en la entrevista que vadenuevo le hizo en el número anterior, Mujica cayó en las encuestas (aunque en los últimos meses, según algunas mediciones, se ha revertido esa tendencia). Esa caída se produjo sin que lo “golpeasen” especialmente determinados actos. Aguiar recordaba que el abrazo a Néstor Kirchner y la ley que permitió la liberación de algunos presos durante la gestión de José Díaz en el Ministerio del Interior marcaron muy claramente momentos de fuerte caída en el respaldo ciudadano a Tabaré Vázquez. Mujica, en cambio, fue cayendo –por lo menos hasta mayo, ya que a partir de ahí se observa una paulatina recuperación– sin hechos puntuales que provocaran rechazos contundentes y generalizados, lo que no significa que no se le hayan criticado actos y dichos. Incluso no parece pagar precio por hechos y declaraciones que le costarían caro a otro político (por ejemplo, el mes pasado en Venezuela se puso una campera del ejército de ese país sin que, salvo varios dirigentes opositores, la mayoría de la gente le diera trascendencia al episodio). Mujica es tal vez (o sin tal vez) el único político que puede proponer ciertas iniciativas –como sucede ahora con relación a la educación, por ejemplo– sin generar rechazos que se expresen masivamente y situaciones que pongan trabas definitivas a los problemas que se plantean. En fin, ante un empresariado con exponentes duros e insaciables en sus demandas y un sindicalismo con sectores afectados por el corporativismo, ha logrado que no se le incendie la pradera. En este mundo convulsionado, seguimos siendo una “isla de paz”, pese a todo, o gracias a las mejores virtudes de su sistema político y a las referidas características del primer mandatario y otras relevantes figuras del gobierno. La caída que el presidente tuvo en las encuestas se habría debido más bien a un desgaste progresivo, sistemático, a un alejamiento de la gente del Mujica político y presidente, a una creciente convicción popular de que, aunque sea un hombre con muchas virtudes, no termina de dar la talla en su función actual. Muchos sostienen que se desentiende de la gestión, que deja que sucedan las cosas, que utiliza más el consejo casi filosófico de sus audiciones radiales que la ejecutividad propia de un jefe de Estado. Y estos rasgos, que es posible revertir (en la medida que Mujica y su entorno los asuman), los está viendo la ciudadanía en el gobierno en su conjunto. Entonces lo que funciona bien en el país –que son varias e importantes cosas– también paga parte del precio. Esto es peligroso para un gobierno que pretende seguir cambiando por un camino diferente al que recorrieron anteriores administraciones, un gobierno de izquierda o progresista, como se prefiera llamar al que se inició en 2005, que debe ser sustentable, coherente y firme (no de “mano dura” sino con capacidad de decisión y ejecución). Si no se consolida y avanza su propuesta programática, el FA tendrá serios problemas para consolidar sus avances. Avances que han existido en varias áreas, que han determinado nuevas mejoras en la situación de diversos sectores sociales, y que no se miden solamente –como algunos opositores de diverso signo acusan– en los indicadores –inapelables– sobre la marcha de la economía, el incremento de las inversiones, los guarismos en materia de empleo e inflación, la disminución de la desigualdad medida por el índice Gini (pese a que algunos insisten en leerlo al revés), y varias obras de incuestionable proyección hacia el futuro. Pero no pueden desconocerse o relativizarse los problemas pendientes y lo difícil que está resultando superar algunos de ellos: seguridad, educación, logística, etcétera. Sin dejar de reconocer que aun en esas áreas se han concretado avances que no deben subestimarse, pero que tampoco deberían conducir al conformismo. Aun cuando la oposición ha pegado con frecuencia lejos del clavo, puede comenzar a rectificar errores y a capitalizar los yerros de la izquierda gobernante. Y si se frustrara el actual proceso de cambios, con sus aciertos y errores, sus propuestas renovadoras y sus contradicciones y desprolijidades, el pueblo, en especial los más débiles, perderán muchos de los beneficios que han ido ganando en estos últimos años y la posibilidad de continuar elevando su calidad de vida. El “país productivo con justicia social” pasaría a ser un sueño derrotado. Y en tal caso, aunque no deberían pasarse facturas, responsabilidades habrá.
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Comentarios
Ha sido un verdadero deleite leer su artículo.
¿UD. ESTUVO EN NICARAGUA CUANDO LA REVOLUCIÓN SANDINISTA?
¿UD. CREE QUE SE PUEDE LEVANTAR UN DESAHUCIADO = DESDE LAS PELEAS ENTRE BATLLE Y HERRERA, EN DOS GOBIERNOS DEL F.A.? LEER NAHUM, "HISTORIA DEL URUGUAY", POR FAVOR.
GRACIAS
ANA
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