Año 4 Nro 40, miércoles 4 de
enero de 2012 
Montevideo - Uruguay







LA (MALA)
UTILIZACIÓN DE
UN SÓLIDO INFORME
DE LA D.G.I.
 

El gasto
tributario y
“El País”
 

Por Omar Sueiro 



MÁS ALLÁ DE
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La encrucijada
de Mujica
(del país)
 

Por Rodolfo Demarco 



COMENTARIOS
SOBRE UN
ARTÍCULO DE
GUSTAVO COSSE
 

Plan Ceibal
y pensamiento
único
 

Por Marcelo Fernández
Pavlovich
 



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Crecimiento,
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el fenómeno
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COMENTARIOS SOBRE UN ARTÍCULO
DE GUSTAVO COSSE



Plan Ceibal
y pensamiento único



El autor aclara que este artículo no está dirigido a hundir al Plan Ceibal ni a apoyarlo. Tampoco a atacar a Gustavo Cosse, con quien cree tener muchos más acuerdos que discrepancias sobre la enseñanza. Estas líneas discrepan con una forma de discutir que, en su opinión, no permiten el entendimiento. La crítica y el intercambio parecen estar siendo atravesadas por la tribuna, donde quien grita más pretende hacer silenciar al otro, en pos de permanecer como un pensamiento único.



Por Marcelo Fernández Pavlovich



Aviso el lector: quien esto escribe no está en contra del Plan Ceibal. Más bien al contrario. Sin efervescencia alguna, creo que toda herramienta que se ponga a disposición de la población, más aun si se trata de estudiantes, es un paso adelante, ya que constituye un instrumento más en la mochila de accesorios con los cuales manejarse en la vida. Ahora bien, como no conozco en profundidad  la aplicación del Plan –tan solo aquellas cosas que me atañen en tanto habitante de un liceo de bachillerato–, me permito dudar y cuestionar cosas al respecto y, ya de movida, pregunto: ¿será poco sana esta actitud? Entiendo necesaria la presencia de ideas y, detrás de las mismas, una defensa fundamentada de las mismas. Si no, caemos en la línea de un sentido común que no suele ser el más común de los sentidos, o en la línea de aceptar lo que figure como pensamiento único o aspiración al mismo.

El artículo escrito por Gustavo Cosse en el número anterior de vadenuevo (http://vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/2556-39vadenuevo13) invita al apoyo incuestionable de este Plan o, siendo aun más fiel a lo que he comprendido del mismo, invita a despreciar todo cuestionamiento que se haga del Plan. Como mencioné líneas arriba, mi desconocimiento y mi alegría por contar con una herramienta más tacha de plano que pueda realizar un ataque al mismo, lo cual no me inhibe de plantear ciertas preguntas, que tienen más que ver con su aplicación que con su existencia. Por otra parte, creo que la defensa de un proyecto que ha estado sujeto a todo tipo de crítica, por la comunidad en general y la comunidad educativa en particular, debe contar con algo fundamental: argumentos válidos que lo apoyen y claridad. De lo contrario, es preferible no esbozar defensa alguna, pues solamente estamos gritando en contra de otros gritos. Y creo que estos elementos, fundamentales a juicio de este lector, están ausentes en el artículo mencionado.

Éste arranca mencionando una serie de supuestas virtudes, a las cuales luego antepone, como paradoja, la generación de dudas y críticas. Dentro de esas virtudes[1] están algunas a las que no les encuentro nada intrínsecamente virtuoso o favorable, como ser el primer plan en entregar una laptop por niño en América Latina, que fue impulsado por el primer gobierno de centroizquierda del país, que la utilización de las mismas es un hecho “conocido por las evaluaciones existentes que son confiables y objetivas” y que Argentina empezó a realizarlo varios años después. Respecto al primer punto, ser quienes están a la vanguardia de algo podría ser bueno si se toma el riesgo como una virtud, ya que, por lo menos hasta que se asegure que somos vanguardia en un hecho venturoso, se corren riesgos de transformarnos en vanguardia de algo disfuncional. Para ser más claro, creo que primero tenemos que fundamentar las bondades del proyecto y luego vanagloriarnos de ser su vanguardia. Dentro del mismo artículo tenemos un ejemplo de esto: cuando el autor habla de la autonomía, cosa que retomaré más adelante, sostiene que somos los únicos en el mundo en tener dicho disparate, cuando si utilizáramos el argumentó de la misma forma que se hizo respecto a lo dicho sobre el Plan Ceibal, bien podríamos decir que somos vanguardia en materia de autonomía del sistema educativo. El segundo punto en cuestión podría ser positivo en tanto quien defiende el proyecto forme parte de dicho gobierno. De lo contrario, es un dato más que puede resultar neutro o negativo si estamos situados en algún partido político de la vereda contraria. El tercero, aun reconociendo que sería bastante lastimoso que las herramientas repartidas no sean siquiera utilizadas, no me basta como punto positivo, por lo menos hasta asegurar que dicha utilización sea, en sí misma y en la mayoría de los casos, buena o virtuosa. Y en cuanto al último de los puntos mencionados, a no ser que Argentina hubiera fundamentado su camino en nuestra buena experiencia, me resulta completamente irrelevante.

Los otros puntos mencionados por el autor son atendibles, incluso el que marca que los costos se han mantenido en los parámetros establecidos, aunque nada nos dice de los objetivos del programa, sino más bien de las virtudes de sus administradores, y lo mismo sucede con la distribución realizada en los plazos previstos. Ahora bien, tanto de este último detalle respecto a la enseñanza media, como de las evaluaciones positivas formuladas al programa –cuya existencia no pongo en duda– nos están faltando datos que nos permitan acceder a esa información, que no sabemos de dónde surge.

La otra punta de la paradoja marcada por el autor es la de las dudas y las críticas y es allí lo que considera más importante. Si el objetivo de Cosse es despejar esas dudas y críticas, debería haberlas enfrentado argumentativamente y no abandonarlas en el pantano de la descalificación y la oscuridad de las afirmaciones a medias y/o sin fundamentación. A saber, puntualiza la postura de las Asambleas Técnico Docentes (ATD), que han rechazado el programa por carecer de un objeto pedagógico, y acude a declaraciones de un dirigente gremial, calificándolas como insólitas. Sin acordar plenamente con las ATD, me animo a comentar que hay un error que se ha cometido en varios cambios –o intentos de– llevados a cabo en el marco de la enseñanza: pensando exclusivamente en la población más vulnerable, lo cual es más que encomiable, se llevan a cabo procesos sin formar a los formadores, o con instancias de formación inadecuadas. Como ejemplo externo está la instauración de áreas del saber, suplantando a disciplinas en la reforma de Rama. Más allá del acuerdo o desacuerdo con la medida, es imposible llevarla a cabo con profesores que están formados para dictar una disciplina particular, cosa que no se arregla con cursillos de un mes o menos. Viniendo a este terreno, el reparto de las laptops sin la formación de los docentes ni la existencia de materiales pedagógicos previamente diseñados y difundidos es dejar a los vagones sin locomotora, o al menos sin parte de ella. Y es eso mismo lo que hace que no sean tan insólitas las declaraciones del dirigente gremial al decir que las laptops “jugaban el mismo papel que los chupetes para los niños”.

LA HERRAMIENTA Y SUS DIVERSOS USOS. Volviendo a mi argumento de apoyo a este plan, que es la consideración de que se está aportando una herramienta más –tal vez una gran herramienta– a la formación de los estudiantes, cabe afirmar que, como cualquier herramienta, puede usarse de distintas formas: el martillo puede servir para armar una mesa, pero también para golpear a quien no soporto. Y no sé si llegará a ser un chupete, pero no tengo dudas que esta herramienta puede usarse para acceder a información científica, pero también para entrar al facebook o para que se convierta en un aparato de música para escuchar en el ómnibus, solo que un poco más grande que los celulares que suenan a lata.[2] Por supuesto, estas últimas actividades pueden ser complementarias con la anterior, no se anulan directamente. Pero en caso de solo aplicarse esas últimas, la ATD y el dirigente gremial pasan a tener la razón. Posiblemente se entienda que este argumento es burdo, pero apunta a diferenciar el uso de una herramienta con el buen uso de la misma, que no me resulta menor.

Posteriormente, el autor se dedica a atacar la defensa de la autonomía del sistema educativo por parte de los gremios docentes. Nuevamente, eludiré el tema de fondo, ya que no me pondré en contra o a favor de la misma. Sí quiero notar que, más allá de la calificación como “dislate evidente para cualquier persona sensata”, el único argumento que se exhibe es la apelación a la mayoría, ya que implica desconocer cómo funcionan los sistemas educativos “desde Finlandia hasta China pasando por América Latina”. Supongo que esa afirmación implica la ausencia de autonomía en el mundo antero. Ahora bien, si así fuera, ¿eso hace a la autonomía algo intrínsecamente negativo? En caso de que se responda positivamente, la pregunta que surge de inmediato es ¿por qué?

DOS AFIRMACIONES SIN FUNDAMENTAR. El resto del artículo está dedicado a una serie de afirmaciones que tienen que ver con la educación en general y no hablan del Plan Ceibal. Dentro de las mismas, me referiré solamente al breve análisis de dos de ellas, por su oscuridad. La primera expresa lo siguiente: “el destino ocupacional y por lo tanto el (destino) ciudadano de los adolescentes que están hoy en el sistema educativo será de empleados de baja calificación y por lo tanto marginales en el mundo social y económico del futuro”. He escrito varios artículos sobre el estado de la enseñanza en nuestro país, compartiendo buena parte de los diagnósticos críticos, por lo tanto no he de refutarme a mí mismo; dejo esa tarea para otros, que lo harán mejor que yo. Lo que no puedo compartir es la terrible generalización de esa frase. No, señor, ni siquiera todos los adolescentes que están hoy en el sistema público serán mano de obra barata. Aquellos que han tenido la suerte de contar con una familia que los contenga, que han logrado zafar de la omnipresencia de los medios como formadores de opinión, de personalidad y de saberes, me demuestran día a día que pueden lograr bastante más que lo que los adultos están dispuestos incluso a ofrecerles.

La otra afirmación es ésta, que transcribo en su totalidad: “no hay ninguna iniciativa conocida dirigida a los problemas sistémicos como el disparatado número de años por grado (entre 11 y 15, lo cual es un lamentable hecho irracional contrario a los cambios europeos de hace décadas), una carrera docente que premia la antigüedad y no la competencia, la inexistencia de evaluación académica y funcionarial de los docentes (impera el principio de un docente = varias faltas sin justificar y sin descuento), el recorrido Docente - Director - Inspector para ascender y tener incrementos importantes en los salarios en lugar de separar la carrera académica de la directiva, como ocurre en Europa”.  Es posible que algún lector atento me pueda avisar respecto a aquello que no entendí o entendí mal y, en tal caso, agradecería el gesto, pues lo que veo es un montón de inexactitudes juntas. ¿A qué se refiere con años por grado? Si refiere al escalafón docente y compartiendo que resulta disparatado el pasaje de grado exclusivamente por antigüedad, el número de años por grado es cuatro, existiendo siete grados en dicho escalafón. Si bien las evaluaciones no cuentan para el pasaje de grado y además es seguro que no son las mejores, sí hay evaluación funcionarial y, en cierto modo, académica, ya que los docentes son evaluados anualmente por las direcciones de los liceos y, cuando toca, por las inspecciones de asignatura. ¿A qué se refiere cuando dice que un docente es igual a varias faltas sin justificar y sin descuento? Las faltas docentes deben justificarse a través de una fórmula especialmente diseñada para ello y, salvo algunas faltas, existe el descuento correspondiente[3]. Y me queda una pregunta más sobre esa frase: ¿cuáles incrementos importantes en los salarios? Cierto es que comparto el comienzo de la frase, ya que parecen no existir iniciativas dirigidas a cambiar los problemas sistémicos de la enseñanza.

Para finalizar, un par de comentarios que espero aclaren y no oscurezcan. Estas líneas no están dirigidas a hundir al Plan Ceibal ni a apoyarlo. Tampoco son líneas dirigidas a atacar a Gustavo Cosse, con quien seguramente tenga muchos más acuerdos que discrepancias en lo referente a la enseñanza. Estas líneas están en contra de una forma de discutir, de una forma de llevar adelante los temas que no permite que nos entendamos. Cuando discutimos asumiendo que tenemos la razón en nuestro puño, cuando descalificamos a quienes discrepan con nosotros, cuando éstos resultan enemigos a los que hay que vapulear, no habrá posibilidad de entendimiento, ya que así, a las discusiones –que deberían seguir una racionalidad compartida, homenajeemos a Kant– las gana el odio y el desprecio por el otro. Aunque no lo parezca, es una invitación al diálogo, oral o escrito, pero basado en razones y argumentos, evitando la descalificación vacía. Cosa que podrían haber hecho el Codicen, el Consejo de Educación Secundaria y Fenapes/Ades respecto al Promejora. ¿No?



[1] Término acuñado por mí y no por al autor, pero dado que estos elementos están enmarcados dentro de una paradoja cuyo otro extremo es la duda y la crítica, fue el mejor sustantivo que se me ocurrió; podríamos llamarles también “elementos positivos”…

[2] Esto no es un invento, proviene directamente de mi experiencia personal.

[3] Existen los llamados “días por artículo”, que son 5 al año y la dirección da por razones de fuerza mayor. Tal vez no deberían existir, pero eso es otra discusión. Amén de ello, en mi única falta del año lectivo sin contar dos por paro de transporte (como trabajo en Canelones y vivo en Montevideo no tengo muchas formas de llegar) que perjudicaron el presentismo (cuya suma es bastante ridícula), dejé de percibir más de mil pesos. A este respecto, una reflexión brevísima: buena parte de la clase política afirma que el presupuesto ha aumentado muchísimo y que es hora de ver los resultados. Ahora bien, ese aumento no se ha visto reflejado proporcionalmente en los sueldos, ya que un docente promedio con la unidad docente completa sigue ganando bastante menos que un basurero municipal e incluso que un peón de la construcción. Realizo esta comparación con dos objetivos: marcar que esos son empleos no necesitan de preparación, más allá de que sean trabajos realmente duros; por otro lado, creo que el dinero que pagamos por la realización de determinadas tareas habla de la importancia que como sociedad damos a las mismas. Abro el paraguas, antes de recibir insultos: no estoy sosteniendo que en esos empleos se deba ganar menos. Reclamo sí, como mínimo, estar en pie de igualdad.

 

 

 

 

 

 

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