Año 4 Nro 40, miércoles 4 de
enero de 2012 
Montevideo - Uruguay







LA (MALA)
UTILIZACIÓN DE
UN SÓLIDO INFORME
DE LA D.G.I.
 

El gasto
tributario y
“El País”
 

Por Omar Sueiro 



MÁS ALLÁ DE
IMPUESTOS Y
ENCONTRONAZOS
MEF-OPP
 

La encrucijada
de Mujica
(del país)
 

Por Rodolfo Demarco 



COMENTARIOS
SOBRE UN
ARTÍCULO DE
GUSTAVO COSSE
 

Plan Ceibal
y pensamiento
único
 

Por Marcelo Fernández
Pavlovich
 



APORTES
PARA LAS
INVESTIGACIONES
DEL INSTITUTO
CUESTA DUARTE
 

Crecimiento,
salario y
distribución:
el fenómeno
económico más
importante del
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50 años
 

Por Gonzalo Pereira 



NOTICIAS
SOBRE LA
CULTURA LITERARIA
CUBANA
 

Del cielo
y el
paradiso
 

Por Miguel Millán
Sequeira
 




La odisea
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Por Nicolás Grab 



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NOTICIAS SOBRE
LA CULTURA LITERARIA
CUBANA



Del cielo y el paradiso



A propósito de la novela En el cielo con diamantes del escritor cubano Senel Paz, editada en España en febrero de 2007, el autor realiza un análisis crítico sobre las vicisitudes del arte y la literatura en Cuba, y también sobre la discriminación de que han sido objeto creadores y sectores de la sociedad.



Por Miguel Millán Sequeira [1]



El escritor cubano Senel Paz nació en 1950. En 1985 estrenó Una novia para David, primera película que escribió a partir de sus personajes literarios. En 1993, la película Fresa y chocolate, basada en su relato El lobo, el bosque y el hombre nuevo, Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, se difundió por muchos países. Durante varios años dirigió la cátedra de “guiones cinematográficos” en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Actualmente reside en La Habana.

Senel Paz pertenece a una generación de narradores a los que el crítico literario Arturo Arango, cubano también, llama “Generación de las Becas”. ¿Por qué? Luego de la generación de narradores que revelaron en sus obras la “épica revolucionaria”, fundamentalmente la lucha armada contra el enemigo de adentro y de afuera (Playa Girón y la contrarrevolución del Escambray), y la campaña por la alfabetización del cien por ciento de la población, se terminaron de criar –y crear– los narradores que vivieron la novedad de la vida en las becas.

Cientos de miles de jóvenes cubanos vivieron en “las escuelas al campo” de lunes a viernes lejos de sus familias, llevaron adelante la experiencia de unir estudio con el trabajo. Pero también, para una cultura popular muy conservadora, patriarcal y machista, eso significó una “revolución dentro de la revolución”: los hijos, adolescentes y jóvenes pasaron a ser educados por otros, fuera del ámbito familiar.

Allí, en ese fermento de las becas, se cocinó el nuevo ajiaco cubano. Una nueva generación hizo su aprendizaje de todo, conoció el mundo, observó el accionar de sus mayores, se formó opinión sobre los más diversos temas.

Esta generación de “escritores de las becas” tuvo a alguien que fue el “primero” o al menos así lo reconoce la mayoría. Se llamó Rafael Soler y murió en un accidente en el año 1975 siendo muy joven. Este malogrado precursor fue hijo de don José Soler Puig (autor, entre otras novelas, de El pan dormido), sobre quien escribió Mario Benedetti: “El mayor escritor de la revolución, en el mismo nivel que Alejo Carpentier”.

ALGUNAS NOTICIAS DE LA VIDA CULTURAL LITERARIA. Hecha esta necesaria introducción, pasemos a revisar algunas “noticias de la vida cultural literaria” que nos brinda Senel Paz en esta novela con nombre de una canción de los Beatles, título elegido a propósito seguramente, pues ellos fueron algunos de los creadores censurados en el “quinquenio gris” al que me referiré más adelante.

En las páginas 41 y 42 cuenta el personaje-protagonista-narrador de la novela, justamente un joven becario, cómo se pasaban a escondidas un capítulo de Paradiso, novela de José Lezama Lima, aquel capítulo que trata con desparpajo el tema sexual, el que está entre “las páginas 264 y 296” (de la primera edición cubana del año 1966). “El tal capitulillo, separado del resto de la tripa inservible y encuadernado como cosa independiente, circulaba por todo el Sistema Nacional de Becas, de aula en aula y de pupitre en pupitre”. Luego de describir lo que hacían a propósito del tal “capitulillo”, reflexiona el narrador: “Tenemos que admitir que llevaban razón aquellos santos varones que, por esa misma época, insistían en la necesidad de poner mucho ojo en cuanto se escribiera, imprimiera y distribuyera en el país, ya fuera cuento, novela, obra de teatro o fragmentos de éstos, y que, ante cualquier desliz como el citado, se tratara con mano dura tanto al responsable de la escritura como a los de la edición, es decir, que todos fueran enviados a cortar caña a los campos de Camagüey o a empaquetar libros en el trasfondo de las bibliotecas municipales. Estos defensores de los valores más genuinos de la nueva sociedad, en su afán por salvaguardar a la juventud de las influencias perniciosas de las generaciones anteriores y sus congéneres extranjeros, llegaron a celebrar un congreso nacional de muy grata recordación gracias al cual, al menos por cuatro o cinco años, lograron mantener a raya a los blandengues, los irresponsables, los intelectuales y los maricones, que todos son uno y lo mismo, pues Dios los cría y ellos se juntan contra las revoluciones”. Clara referencia a las tristemente famosas “granjas para reeducación de marginales y homosexuales” (la sigla era UMAP, Unidades Militares de Apoyo a la Producción), y a las “Palabras a los intelectuales” de Fidel del año 1961.

Remata toda esta disquisición sobre el “capitulillo” de Paradiso con un comentario preocupado sobre el destino ciudadano del escritor José Lezama Lima: “Recuerdo que una tarde, años después, se me acercó David, más blanco que un papel, y me contó entre indignado y lloroso que al gordo autor del famoso capitulillo lo tenían en la mirilla y apenas lo dejaban salir de su casa a comprar los puros que fumaba. Yo no me sorprendí en absoluto, te lo confieso. Es más, en mi opinión se lo merecía, pero en la del compungido David, si llegaban a tocarlo así fuera con la yema de un dedo, se cometería un error tan grande que pagaríamos por él largos años, y la integridad misma de la Revolución quedaría en entredicho. En fin, sospecho que me he ido del tema principal”.

Lezama se quedó siempre en Cuba y murió en La Habana en el año 1976. Su novela Paradiso fue nuevamente publicada, con gran resonancia, recién en el año 1991. Cuentan que los miles de jóvenes congregados en La Habana Vieja no dejaron hablar a los presentadores al grito de “¡Paradiso!” repetido hasta el infinito.

Más adelante, en las páginas 126, 127 y 128 Senel Paz relata un encuentro con el escritor Antón Arrufat en casa del pintor René Portocarrero.

Páginas 126, 127 y 128: “Los domingos, cuando era el único que permanecía en la escuela, si se asomaba a las ventanas del norte y dejaba vagar la vista por encima de los edificios quedaba frente a un cuadro del pintor René Portocarrero. Le gustaban los toques de color que el artista daba a las casas, las numerosas cúpulas y campanarios que dibujaba, el mar que aparecía por trechos en manchas azules o violetas. En lontananza, destacaban las torres de una vieja iglesia, puntiagudas como agujas, casi borradas por la niebla. Quizás algún día conociera al pintor. ¿Cómo podría suceder esto? Se lo presentaría el escritor Antón Arrufat. (…) Portocarrero se sienta y empieza a contar una historia sobre Raúl Martínez, que empata con otra sobre Bola de Nieve, la cual deriva en una de Rita Montaner, y a continuación descalifica, de un plumazo, a los jóvenes artistas Éver Fonseca, Umberto Peña y Chago, que según él no tienen nada que buscar en las Artes Plásticas, y termina en la reunión de Fidel con los intelectuales en la Biblioteca Nacional y la cara que tenía Virgilio Piñera. Esto fue, dice mirándolo a él y suponiendo que desconoce el tema dada su juventud, cuando Fidel dijo aquellas palabras más famosas que claras: Con la revolución todo, contra la revolución ningún derecho, pues no dejó un listado de su puño y letra de lo que quedaba dentro y de lo que quedaba fuera, ni indicó quién, cuando no fuera él, lo determinaría si surgían dudas, y luego resultó que se colaron los burócratas y fuera quedaron la crítica, la música de los Beatles y las melenas, y dentro la UMAP, la persecución a los homosexuales, los actos de repudio, los sentimientos religiosos…”

Antón Arrufat es un escritor cubano que vive en La Habana; nació en 1935. Recibió el Premio Nacional de Literatura en el año 2000. Fundó y dirigió la Revista Casa de las Américas durante cinco años. En el año 1968 su obra de teatro Los siete contra Tebas ganó el concurso de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos). Luego fue censurada a tal punto que recién fue “estreno mundial” en octubre de 2007 en La Habana. No volvió a publicar hasta 1984, cuando apareció su novela La caja está cerrada. En enero de 2007 un mail suyo, reclamando por la aparición de dos personajes siniestros en la televisión cubana, dio inicio a lo que se conoció en Cuba como “la guerrita de los mail”, que se zanjó con una asamblea y declaración de 400 intelectuales cubanos en la Casa de las Américas. Estos “personajes siniestros” eran Luis Pavón Tamayo y Jorge “Papito” Serguera, quienes encabezaron el famoso “Quinquenio Gris”, entre los años 1971 y 1976, durante los cuales se “parametró” (persecución, censura) a buena parte de la intelectualidad cubana.

Estos datos apenas apuntados pueden servir de insumo para entender el trasfondo de la polémica desatada y hecha pública entre dos de los más populares representantes de la música cubana, me refiero a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Para los lectores interesados hay mucha información de primera mano, objetiva, desapasionada, para seguir compartiendo… si me dejan.

 

 



[1] Miguel Millán Sequeira. Licenciado en Filología, especialidad en literatura cubana de la Universidad de La Habana, con reválida en la UdelaR.

 

 

 

 

 

 

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